Había olvidado que cuando comienzas a ser como el agua del río las corrientes también pueden ser fuertes, muy rápidas, frías a rabiar; que puedes chocar con piedras y rápidamente volver a chocar, no recordaba que antes de desembocar en el gran y refrescante pozo el camino implicaba mucho pero mucho movimiento.

Después de tanto me queda claro que la vida hay que jugársela, yo he pasado temporadas de decepción y temporadas de mucho atrevimiento, cuando no me ha ido muy bien me frustro y comienzo a agregar en mi maleta más miedo, más precaución, desilusión y una dosis extra de “cuidado con volverlo a intentar, vas a sufrir” ¡CUIDADO!

Fue hasta que aprendí que el fracaso es necesario e inevitable para llegar al éxito cuando empecé a bajarle dos al miedo y entonces con todo ese temblor me lanzo de clavado en situaciones nuevas que deseo tanto como temo, literal, lo hago apostando a ganador, creyendo que esta vez si me corresponde llegar y ta taaaan… No necesariamente hay final feliz, después de haberle puesto todo el corazón me estrello con la piedra más grande del camino, ¿estás conmigo aquí?

Menos mal que llegada a ese punto también aprendí que todas las experiencias son necesarias, nos preparan para la siguiente y pueden faltar muchas más aunque una quiera por conciencia de merecimiento o cansancio “triunfar esta vez”.

Tú haz tu parte, ponte tu mejor casco, abre el corazón, hazlo mejor que nunca, evita cometer los errores del pasado, ve con alma pura sin juzgar, comparar; apuesta a que esta vez será diferente porque tú abordarás la situación de manera diferente, tápate los oídos, desecha las críticas que te señalen, las facturas viejas de dolientes viejos que quieran pasarte porque tu pasado no define tu futuro y punto.

Recuerda que tu felicidad no es necesariamente la felicidad de los otros, que el dolor de quien no se ha atrevido a perdonar o a intentarlo de nuevo se puede avivar ante quien se atrevió a hacerlo, por favor tápate los oídos, concéntrate en ser mejor que nunca es una prueba para llegar más rápido al exámen final, que puedas dormir tranquilo sabiendo que no huiste y perdiste la gran oportunidad es la forma más brillante de finalizar una experiencia.

Si la vida te está llamando en cualquiera de sus facetas, entonces corre, suelta, libérate del pasado, hazlo con miedo y hasta con dolor, agradece hasta lo inentendible y F L U Y E. Entrégate al presente que no es más que el camino que Dios preparó para ti, algo maravilloso estás por aprender independientemente del resultado de la aventura.

Ajústalo a tu vida, tus circunstancias.

Si mis experiencias ayudan a las tuyas te seguiré contando.

Zoraida Orcial.

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